Hola, buenas madrugadas. Acaban de encender el foco de la sala de declaraciones. Tengo la sensación de ser acusado de dejarme secuestrar por Totó de Caserta. Al sargento Miguel y sus agentes parece que se les han pasado los efectos secundarios de las magdalenas de semilla de amapola... han dejado de bailar la conga lo que a estas horas, las tres de la mañana, agradezco en el alma... Se abre la puerta de la habitación a oscuras... entra Miguel con su agente Felip Puig. El foco apunta a mi cara. Felip toma el mando, me temo que no tomó magdalenas, sin duda ha adquirido previamente el papel de policía malo. Me mira fijamente como un cardenal romano a Benedicto y me exhorta a que narre los días anteriores al momento en el que se debió realizar y pagar la vendimia del pueblo vecino.
